Escuela de Karate Tradicional Shorin Ryu Kyudokan - Tenerife

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El puño de Okinawa

Yuchoku Higa nació en Naha (Okinawa) el 4 de febrero de 1910. Su primer maestro fue el Sensei Jiro Shiroma, especialista de Shurite, quien lo entrenó durante 6 años sobre la base de una intensa práctica de kihon y kata.
Sólo en la última fase de su relación con Shiroma, Yuchoku Higa se dedica también a la práctica de Kumite. Muere el Maestro Shiroma en 1933, y tras entrenarse en solitario durante un año, pasa a ser alumno de los maestros Jinnan Shinzato(escuela Naha Te) y Seiei Miyahira. Con Shinzato aprende las características del estilo que hoy se llama Guju Ryu (del que incorporará a la escuela que más adelante creará el Kata Seisan). Con Miyahira, además de enriquecer sus conocimientos sobre Shurite, perfecciona las técnicas de puñetazos, en las cuales este maestro era un verdadero experto. En el año 1941 empieza a enseñar Karate a funcionarios del municipio de Naha, y también da clases en su propio domicilio.

En el año 1943 conoce al maestro Choshin Chibana(en la foto de la izda.), convirtiéndose en poco tiempo en su principal discípulo. El Sensei Chibana, uno de los más grandes maestros de la historia del Karate, será quien otorgue por primera vez un grado de 9° Dan Hanshi, precisamente a Yuchoku Higa.
En el año 1945, con el grado de oficial de policía, el Maestro Yuchoku Higa presta servicio en la comisaría de Yonabaru, trasladándose en 1947 a la comisaría de Naha. En este año inaugura el Karate Dojo Kyudokan y se dedica al perfeccionamiento y desarrollo de todo aquello que había aprendido de sus maestros, sobre todo de Choshin Chibana, con quien continuaba entrenándose.

En 1961 se constituyó la primera Asociación Shorinryu Karate-do de Okinawa, presidida por el maestro Chibana, y Yuchoku Higa es nombrado Vicepresidente. En aquella época alternaba sus funciones políticas con la de maestro de Karate. Además de ocupar por 8 veces consecutivas un cargo en la Cámara de Representantes de Okinawa -como presidente o miembro- fue también Presidente de la Federación de Karate y Kobudo de Okinawa, Jefe del Consejo de Maestros de la Asociación de Karate-do de Okinawa, etc.; también recibió innumerables condecoraciones y honores. Hasta fue invitado como personaje ilustre por el emperador Hirohito en el Palacio Real de Tokyo.
En 1976 recibe el grado de 10° Dan Hanshi, el más alto al que puede aspirar un maestro. En 1992 participa junto a otros grandes maestros en una de sus últimas y memorables exhibiciones en el Castillo de Shuri. En febrero del año siguiente (1993) recibe el Premio al Mérito de Karate Do, otorgado por la prensa de Ryu Kyu.
El 6 de noviembre de 1994 el Maestro Yuchoku Higa fallece en Naha a la edad de 84 años.

En una época en que no existían las competiciones de Karate, Yuchoku Higa fue protagonista de innumerables kakidamishi (combates-desafíos), desarrollando y fortaleciendo su cuerpo, su mente y su espíritu a través de un entrenamiento intensivo. Su técnica de puñetazo era famosa en la isla de Okinawa hasta el punto de ser conocida en dialecto okinawense como "Yuchoku no tijikun" (el puñetazo de Yuchoku). Dedicaba varias horas al día al entrenamiento con la makiwara, y al contrario de lo que mucha gente pueda imaginar, no era un personaje duro e insensible. Apasionado de los árboles bonsai, poseía numerosos ejemplares frente a la entrada de su dojo y alternaba esta pasión con su dedicacìón a los pájaros. Él mismo decía que tales ocupaciones eran fundamentales para el enriquecimiento de su sensibilidad espiritual.
Su defensa por la tradición y el patrimonio cultural de Okinawa está sintetizada en la frase:

Quisiera que no se perdiera la esencia del Bujutsu Karate, que es la única herencia de nuestra tierra natal y que nuestros antepasados han dejado al mundo con tanto orgullo.
Como síntesis de su modo de concebir el Karate-do, afirmaba: "Hasta un cierto momento pensaba que la cosa más importante era ser fuerte. Con el tiempo me dí cuenta que la cosa más importante es estar preparado para poder ayudar a los demás. Además es importante no ponerse límites, por eso ahora pregono: Kyudo Mugen: La Vía del Estudio no tiene fin. La Vía del Karate es inmensamente amplia, profunda y alta como el cielo que continúa sin límites".

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El kata

En el estilo Kyudokan, el entrenamiento de los kata forma la base para que cada estudiante aprenda su Tokui Kata (kata de elección), que será su medio de estudio para sus propias estrategias de lucha. La idea del sensei Yuchoku Higa era lograr ser experto en uno o dos katas solamente, aunque debían conocerse unos 22.
En nuestra escuela, el primer kata que ejercita todo alumno es Fukyu Kata Ichi, poniendo atención máxima en la contracción muscular, en la concentración y el control de la respiración. Luego se aprenden los siguientes kata, los cinco Pinan básicos, el Fukyu Kata Ni, las tres series de Naihanchi...

El kata según Benito Higa, 8º dan Kyoshi

Para comprender el significado real de los katas, que son la verdadera esencia del Karate Do, es preciso ser practicante de este Arte Marcial.
El lego no puede ni remotamente tener la esperanza de compenetrarse con el estado mental de un individuo que se encuentre ejecutando un kata. Para él es solamente una serie de bloqueos, golpes de puño, puntapiés y posiciones. Uno de los mayores objetivos del karateka es ser capaz de ejecutar todo un kata con absoluta corrección, y por encima de todo, ser capaz de sumergirse por completo (en cuerpo y mente) de manera tal que, al emerger del kata, se encuentre unificado con su ser íntimo.
A medida que se progresa en la ejecución de los katas, se advierte que hay algo más que la existencia física; se produce la apertura de un nuevo mundo, hasta ahora inadvertido en la confusión de la mente entrenada en la concepción dualista, una especie de iluminación espiritual que sólo se manifiesta cuando el pensamiento y las impresiones sensoriales han sido silenciados.
El estudiante repite los katas muchas veces en cada clase, poniendo énfasis en la posición, el equilibrio, la velocidad, la fuerza y la coordinación. En ellas se hace especial hincapié en aumentar el vigor y técnica del alumno, fortalecer su corazón, perfeccionar su mente y elevar su espíritu.
Generalmente las clases son grupales, aunque la ejecución individual de los katas es continuamente vigilada por el instructor. A éste gradualmente se le revelan inequívocamente el carácter, la actitud y las intenciones del alumno. Sólo entonces puede el instructor ayudar al estudiante a adquirir el poder mental necesario para dominar su propia debilidad, y a reconocer la vanidad y el falso ego que existe en su interior y que obstaculiza la concentración de sus energías naturales durante la práctica y en la vida cotidiana.
Esto se obtiene con la constante práctica de los movimientos aparantemente simples de los katas.

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El kata según Oscar Higa, 9º dan Hanshi

Suerte de enigmática danza guerrera, que trasunta una peculiar sensación artística marcial, el kata es sin lugar a dudas el compendio de la esencia del movimiento y la técnica del Karate-Do.
El kata no sólo debe considerarse desde el punto de vista estético. En la ejecución de un kata se demuestran todos los principios físico-técnicos que se exigen a un practicante: fuerza, velocidad, potencia, equilibrio en posturas estáticas y dinámicas, dominio de la tensión y la relajación, concentración, correcta dinámica, orientación, ritmo, dominio y kimé. Es decir, ejecutando un kata un individuo demuestra desde el punto de vista técnico su nivel real en Karate-Do.
Cuando uno comienza la práctica, es consciente de sus movimientos. A través de los años la consciencia va dando lugar a la espontánea creatividad o a la creativa espontaneidad. Cuando la mente del practicante está en mu(nada), al no haber interferencia racional en la realización del kata, éste sale con una pureza creativa total. Entonces sujeto y objeto son uno, kata y ejecutor se funden en un solo ente.
El arte del kata por excelencia fluye maravillosamente emergiendo desde lo más profundo de nuestro ser. Como en muchas manifestaciones del individuo, la manera de ejecutar un kata muestra en gran medida la personalidad del practicante. Mi padre decía: 'Veo a un alumno hacer kata y hasta cierto punto me doy cuenta de cómo es'.
Evidentemente a través de la manifestación de sus movimientos, el kata se convierte en un sistema donde uno expresa su propia esencia. Por consiguiente, en la medida en que constantemente perfeccionamos la práctica del kata, estaremos perfeccionando nuestra propia personalidad.
Y aún hoy comparto la idea de que si un karateca es bueno en kata, también lo es en kumité. Pienso que ese código de técnicas tradicionales seguirá siendo la base para la aplicación de cualquier técnica, por más moderna que sea; perfeccionada en su concepción o ejecución, siempre tendrá su raíz en sus orígenes. Por eso, como dicen los viejos maestros okinawenses: 'Si quieres ser fuerte en kumité, perfecciona tu kata'.
Como el viejo maestro que decía: 'La montaña sigue siendo montaña, el camino es siempre el mismo, evidentemente lo que ha cambiado es mi corazón', así yo diría: 'El kata es siempre kata, los movimientos son siempre los mismos, evidentemente lo que ha cambiado es mi corazón'. A través del tiempo, por medio de la práctica constante, veremos y sentiremos lo mismo pero desde otra óptica. El kata se vive, se practica, se transpira. Y solamente mediante esa práctica y esa vivencia se logrará captar su verdadera esencia.

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Elementos para el entrenamiento

La makiwara es una tabla de madera que se empotra en el suelo o en la pared, con la parte superior cubierta de fibra trenzada o cuero. Lo utilizan los practicantes avanzados para ejercitar los impactos.
Diariamente se golpea entre 200 y 300 veces con cada puño en diversos ángulos, y al cabo de un tiempo se incrementa notablemente la potencia, el foco, la precisión, la ubicación del aire en la zona correcta del cuerpo en el momento justo del impacto, etc.
Toma Shiei, 7º Dan, discípulo de Higa Yuchoku 10º Dan, apodado "el puño fuerte de Okinawa" me enseñó personalmente la técnica correcta para entrenar con makiwara.
Para trabajar la musculatura se utilizan el chishi (piedra con un mango de madera), el sashi (piedra con un orificio donde introducir la mano); la tetsugeta o sandalia de hierro; la nigirigame (vasija llena de arena) y el kongoken (gran anillo de hierro alargado).